Reflexiones sobre la IA, hacia una Revolución más Humana.
- Miguel Angel Morffe
- 29 oct 2020
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 20 nov 2020

Quizás una de las mayores interrogantes de nuestros días es la IA o inteligencia artificial que cada vez transforma más cada aspecto de nuestras vidas, sin embargo influyendo mayormente en la economía. Por tratarse de una tecnología que poco a poco se ha vuelto de uso general, las aplicaciones de IA son sin duda infinitas. Si bien se la puede utilizar para automatizar tareas que anteriormente eran realizadas por personas, estas también puede hacer que la mano de obra humana sea mucho más productiva, aumentando así la demanda laboral y generando nuevas plazas de empleo.
Desafortunadamente, la tendencia actual en el desarrollo de Inteligencias artificiales que es de uso comercial es cada vez más marcada a una automatización a nivel mundial de las empresas, con consecuencias terribles para la sociedad en general. Aunque la automatización ha sido un importante motor de crecimiento de la productividad desde el comienzo de la Revolución Industrial que es cuando, a partir de fines del siglo XVIII, se mecanizaron los procesos de tejido e hilado. Sin embargo esta ola de automatización no beneficio a todos de forma automática. Al reemplazar la mano de obra con máquinas en tareas de producción, la automatización reducía el porcentaje de valor agregado (e ingreso nacional) de la mano de obra, esto obviamente contribuyo a la desigualdad de aquella época, al reducir profundamente la tasa del empleo y los salarios lo que generó una enorme brecha en la sociedad.
Sin embargo, la mayoría de las economías modernas han experimentado un enorme crecimiento del salario y del empleo desde la Revolución Industrial. En tanto la automatización ha desplazado a los trabajadores en ciertas áreas, también han surgido otras tecnologías que restablecieron el papel central de la mano de obra en el proceso de producción creando nuevas tareas en las que los seres humanos tienen una enorme ventaja comparativa. Estas tecnologías no sólo han contribuido a un crecimiento de la productividad, sino que también han aumentado el empleo y los salarios, generando en el proceso una distribución mucho más equitativa de los recursos.
Pero por un momento consideremos la mecanización agrícola, que comenzó en el siglo XIX. Un ejemplo es estados unidos que al principio, la sustituyo su mano de obra pura por máquinas efectivamente, esto redujo el porcentaje de la mano de obra en el valor agregado, desplazando a una enorme porción de la fuerza laboral de Estados Unidos que anteriormente había estado empleada en el campo. Pero, al mismo tiempo, las nuevas industrias florecientes necesitaban trabajadores para realizar tareas nuevas e interesarse por las ocupaciones que surgían. Los puestos administrativos se expandieron tanto en los servicios como en la industria, donde una división más fina de la mano de obra impulsó la productividad, el empleo y el crecimiento salarial.
Un patrón similar de cambio tecnológico alimentó el crecimiento del empleo y de los salarios para los trabajadores muy calificados y también poco calificados por igual en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en las últimas tres décadas, los cambios concomitantes que hicieron falta para compensar los efectos del desplazamiento de la mano de obra como consecuencia de la automatización han estado notablemente ausentes. Como resultado de ello, el crecimiento salarial y del empleo se ha mantuvo estancado y el crecimiento de la productividad, anémico.
De manera inquietante, parece que la IA va a exacerbar este patrón, produciendo una desigualdad cada vez mayor por muchas más décadas de crecimiento salarial volviéndola más lenta y de una caída de la participación en el mercado laboral. Pero no hay nada inherente a la IA que exija este desenlace. Por el contrario, podrían utilizarse aplicaciones de IA para reestructurar tareas y crear nuevas actividades donde se pueda restablecer no solo la mano de obra si no el funcionamiento de estas tecnologías de forma más eficiente, generando a la larga mayor beneficio económico y social con un amplio alcance.
‘’Creando nuevas oportunidades’’
Sin embargo la educación, por ejemplo, la recopilación y el procesamiento de datos en tiempo real mediante sistemas de IA pueden terminar por empoderar a los maestros para que ofrezcan una instrucción individualizada calibrada y efectiva según las necesidades de cada alumno. Lo mismo se aplica a la atención médica y salud, donde la IA puede empoderar a los técnicos y a las enfermeras calificadas para ofrecer tratamientos personalizados. Es más, los potenciales beneficios de la IA para la mano de obra no están confinados solamente a los servicios. Gracias a los avances en el uso de realidad aumentada y virtual, también se puede utilizar para crear nuevas tareas para los seres humanos en la industria de alta precisión, que actualmente está dominada por robots industriales creando nuevas oportunidades para ellos.
Resulta tentador pensar que el mercado traducirá estas promesas en una realidad. Las nuevas tecnologías generan beneficios no sólo para aquellos que las inventan y para quienes las adoptan de manera temprana, sino que también lo hace para los productores, trabajadores y consumidores de manera general. Y algunas tecnologías tienen incluso la capacidad de propiciar la creación de empleos y reducir la desigualdad, con enormes beneficios sociales que los inventores y los usuarios pioneros ni siquiera han ha llegado a considerar que estamos a las puertas de una verdadera revolución.
El problema es que los mercados de tecnología no funcionan tan bien cuando hay paradigmas contrapuestos entre si en juego. Cuanto más se impone el paradigma de la automatización, más son los incentivos del mercado que suelen favorecer la inversión en esa área aun expensas de otros paradigmas que podrían crear nuevas tareas con una alta demanda de mano de obra.
Si esa no es una razón suficiente para no confiar en el mercado, existen problemas adicionales específicos de las tecnologías de Inteligencia artificial. Un ejemplo, es el campo que está dominado por un grupo de grandes empresas tecnológicas con modelos de negocios estrechamente vinculadas con la automatización. Estas empresas representan el grueso de las inversiones en investigación de IA, y han creado un entorno comercial en el cual la eliminación de seres humanos falibles en los procesos de producción se considera un imperativo tecnológico y comercial. Como si esto fuera poco, los gobiernos están subsidiando a las empresas a través de una automatización acelerada, exenciones impositivas y deducciones de intereses todo esto mientras se disminuye cada vez mas la mano de obra.
Sin duda, la adopción de nuevas tecnologías de automatización se ha vuelto rentable aun cuando las propias tecnologías no son exactamente del todo productivas. Esas deficiencias en el mercado para la innovación y la tecnología parecen estar promoviendo precisamente el tipo equivocado de IA. Un foco inclinado a automatizar cada vez más tareas se está traduciendo en un crecimiento bajo de la productividad y de los salarios y en una caída del porcentaje de la mano de obra en el valor agregado.
Pero no todo tiene que ser así. Cuando somos capaces de reconocer una falla obvia del mercado como esta, y nos enfocamos redirigir el desarrollo de IA hacia la creación de nuevas tareas o nuevas plazas de empleo que mejoren la productividad para las personas se vuelve la clave para resolver el problema, podemos volver a lograr una prosperidad compartida más grande de la que se ha llegado a pensar. Pero no podemos poner en peligro las alternativas pues si algo nos ha enseñado la historia humana es que la adaptación de forma inteligente a los nuevos retos, nos abre las puertas a un mejor futuro para la sociedad.



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